Han sido meses duros: desde que empezó la pandemia mi familia ha sufrido varios cambios. Por mi parte pude adaptarme bastante bien hasta que me cambiaron a teletrabajo. Es que mi señora le tiene mucho miedo al virus y se preocupa de que yo tenga que estar en la casa, porque tengo que salir todos los días a comprar y hacer los típicos trámites y tareas de primera necesidad como llevarla al estilista. Porque ¡Ay de mi si no lo hago! Mi señora pone el grito en el cielo y mi hija responde a coro.
Afortunadamente tenemos una casa espaciosa, de tal forma que puedo estar en el hogar sin tener que poner a los demás en peligro. Para ser franco, la distancia social es algo para lo que estoy preparado gracias a la invaluable ayuda del amor de mi vida: desde hace unos años que duermo en otra pieza. Sinceramente, creo que ese tipo de cosas es lo que ha mantenido nuestra relación sana, porque nos costaba mucho conciliar el sueño… me da un poco de vergüenza admitirlo, pero nosotros tenemos una relación intensa y llena de pasión. Me costaba dormir cuando ella me reclamaba apasionadamente sobre mi falta de intensidad; en mi defensa tengo que aclarar que cuando ella llegaba a las 4 de la mañana yo ya tenía que levantarme a preparar la comida y lavar la loza. Como yo hacía todas las tareas del hogar decidimos ahorrarnos el dinero de la empleada y así fue que me cambié a la pieza de ella.
Mientras estoy concentrado en mi trabajo ella se dedica a cuidar a nuestra hija que es tan inteligente como su madre. Con esto de la educación virtual ha aprendido más que nunca, sobre todo con los tutoriales de youtube que ve durante todo el día. Gracias a ellos ha aprendido a defenderse muy bien de los insultos de mi vida cuando le pide algo de comer, ganando todas las discusiones, no por la fortaleza de sus argumentos o su ensordecedor volumen, sino por su enciclopédico cono-cimiento de insultos en mexicano, argentino, español y peruano.
Uno debe tratar de mantener espacios para compartir con la familia, lo que ya es difícil considerando todas las tareas que acostumbro a hacer, pero con este afán del celular es difícil encontrar algo de qué hablar con mi niña… cuando se le acaba la batería.
En fin, después de todo estamos muy contentos de poder estar juntos pese a lo que opinen los vecinos o la policía, y estoy seguro que con mi testimonio a favor en el juzgado las denuncias no pasarán a mayores.
Crónicas de un macabeo: distanciamiento social
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